
No. 008
¿Son reales las calaveras de cristal? Lo que hallaron los museos y de dónde vienen
Sí, las calaveras de cristal existen: son tallas reales de cuarzo y de otras piedras, y algunas están en museos importantes. Lo que no se sostiene es que las más famosas sean antiguas. El British Museum (Museo Británico) y el Smithsonian estudiaron las suyas, y un estudio de 2008 halló en ambas marcas de herramientas rotativas modernas, de modo que no son objetos prehispánicos. El propio British Museum describe la suya como probablemente europea y del siglo XIX. Eso no le quita nada a una calavera de cuarzo bien tallada como objeto; solo cambia la historia de dónde y cuándo se hizo, que resulta ser una buena historia de detectives.
Las calaveras famosas y dónde están
Cuando alguien habla de "las calaveras de cristal", casi siempre se refiere a un grupo pequeño de piezas con nombre propio.

La del British Museum, en Londres. Es una calavera de cristal de roca de 25 centímetros de alto y unos 4,5 kilos, con el número de museo Am1898,-.1. Entró a la colección en 1898, comprada a Tiffany & Co. El catálogo del museo la fecha, de forma amplia, antes de 1881, y describe su origen como incierto, probablemente europeo y del siglo XIX. Figura como no expuesta, así que consulte al museo antes de ir a buscarla.
La del Smithsonian, en Washington. El National Museum of Natural History (Museo Nacional de Historia Natural) recibió en 1992, por correo y sin remitente, una calavera grande de cuarzo lechoso. Pesa 31 libras, unos 14 kilos, y mide casi 10 pulgadas de alto. La acompañaba una carta sin firma que decía que se había comprado en México en 1960 y que era azteca, según el comunicado del Smithsonian.
La de París. El dossier de prensa del Musée du quai Branly presenta la llamada calavera de París como una pieza de cuarzo transparente de unos 11 centímetros de alto y más de 2,5 kilos. Alphonse Pinart la donó al Musée d'ethnographie du Trocadéro en 1878, y hoy forma parte de las colecciones del quai Branly. Para su descripción actual, consulte el catálogo del museo.
La Mitchell-Hedges, en manos privadas. Es la calavera asociada con F. A. Mitchell-Hedges y su hija adoptiva, Anna. No pertenece a ningún museo. Tras la muerte de Anna Mitchell-Hedges en 2007, quedó con su esposo, Bill Homann, según el artículo de Jane MacLaren Walsh "The Skull of Doom" en Archaeology Magazine.
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| Calavera | Dónde está | Material y tamaño | Primera fecha documentada | Lo documentado sobre su origen |
|---|---|---|---|---|
| CalaveraBritish Museum | Dónde estáLondres, no expuesta | Material y tamañoCristal de roca, 25 cm | Primera fecha documentada1881, en la tienda de Eugène Boban en París | Lo documentado sobre su origenProbablemente europea, siglo XIX, según el museo |
| CalaveraSmithsonian | Dónde estáWashington | Material y tamañoCuarzo lechoso, unos 14 kilos | Primera fecha documentada1992, llegó por correo | Lo documentado sobre su origenHecha con herramientas modernas, según el Smithsonian |
| CalaveraParís | Dónde estáMusée du quai Branly | Material y tamañoUnos 11 cm y más de 2,5 kilos, según el dossier del museo | Primera fecha documentada1878, donada por Alphonse Pinart | Lo documentado sobre su origenLlegó a Pinart por medio de Boban |
| CalaveraMitchell-Hedges | Dónde estáColección privada | Material y tamañoCuarzo; forma muy parecida a la del British Museum | Primera fecha documentada1933, en manos de Sydney Burney | Lo documentado sobre su origenTalla moderna, probablemente del siglo XX, según Jane MacLaren Walsh |
Lo que halló el estudio de 2008
El estudio principal salió en octubre de 2008 en el Journal of Archaeological Science, firmado por Margaret Sax, Jane MacLaren Walsh, Ian C. Freestone, Andrew H. Rankin y Nigel D. Meeks. Analizaron la calavera del British Museum y la del Smithsonian con microscopía óptica, microscopía electrónica de barrido, espectroscopía Raman, difracción de rayos X y análisis mineralógico, según el registro del estudio en la Universidad de Kingston (DOI del artículo).

La pista más clara estaba en los dientes. Las ranuras de los dientes y otras marcas se hicieron con herramientas rotativas modernas con abrasivos duros, no con las herramientas de piedra y la arena que tenían los lapidarios de la antigua Mesoamérica. La calavera del Smithsonian resultó ser de cuarzo lechoso. El cuarzo de la del British Museum probablemente no venía de México; entre sus posibles orígenes geológicos estaban Brasil, Madagascar y los Alpes europeos.
El resultado fue claro: ninguna de las dos es prehispánica. La del British Museum se hizo probablemente poco antes de su primera aparición, en 1881, y la del Smithsonian, poco antes de empezar a circular. Por su parte, el catálogo del British Museum anota que las líneas de los dientes parecen cortadas con una rueda de joyero y apunta a cristal de roca de Brasil.
Entonces, ¿son falsas? Depende de qué se pregunte. Son cuarzo de verdad, talladas de verdad. Lo que no son es aztecas, mayas, toltecas ni mixtecas, que es lo que se dijo de ellas al venderlas. Como lo resume el Smithsonian, una calavera de cristal puede ser una talla real sin ser un objeto antiguo.
El comerciante que las hizo circular
Casi todos los caminos llevan a Eugène Boban, también conocido como André Eugène Boban-Duvergé, un comerciante francés de antigüedades que trabajó en México, París y Nueva York en el siglo XIX. Jane MacLaren Walsh y Brett Topping reconstruyen su papel en el libro de 2019 *The Man Who Invented Aztec Crystal Skulls* (el hombre que inventó las calaveras de cristal aztecas).
La calavera del British Museum apareció en la tienda de Boban en París en 1881. Cuando él la ofreció en venta al Museo Nacional de México en 1885, según los archivos, el museo la rechazó por considerarla moderna. Después pasó por George F. Kunz y Tiffany & Co., y en 1898 entró al British Museum. Boban también vendió calaveras de cristal a Alphonse Pinart, que en 1878 donó la de París y otros objetos al Trocadéro.
Hasta aquí llega lo documentado. Las pruebas muestran a Boban como un distribuidor clave de estos objetos en el siglo XIX, y una reseña en Oxford Academic describe cómo hizo llegar calaveras fraudulentas a colecciones privadas y de museos. Lo que no muestran es si él encargó cada calavera ni si sabía, una por una, que eran modernas. Quién las talló, con nombre y apellido, sigue sin saberse.
La calavera Mitchell-Hedges, la "Skull of Doom"
Si una calavera de cristal tiene leyenda propia, es esta, conocida como la Skull of Doom (calavera de la perdición). El relato popular dice que Anna Mitchell-Hedges la halló en 1924 bajo un altar caído en Lubaantún, una ciudad maya de la entonces Honduras Británica, hoy Belice. En versiones posteriores, el lugar se volvió una pirámide, una cueva o un templo, según quién contara la historia.

Los documentos cuentan otra cosa, y son bastante menos cinematográficos. La calavera estaba en manos del marchante de arte londinense Sydney Burney en 1933. Se subastó en Sotheby's, en Londres, el 15 de octubre de 1943, y F. A. Mitchell-Hedges la compró por unas 400 libras esterlinas, según el resumen de Archaeology Magazine. En la primera edición de su libro *Danger My Ally*, de 1954, él la mencionó de pasada, sin decir que Anna la hubiera hallado en Lubaantún, y las ediciones posteriores la omitieron. La historia de Lubaantún se hizo conocida a partir de la década de 1960.
Jane MacLaren Walsh examinó la pieza con moldes de silicona, microscopía de alta potencia y microscopía electrónica de barrido. Halló marcas de herramientas rotativas de alta velocidad recubiertas de diamante y determinó que es una talla moderna, probablemente del siglo XX. Walsh también notó que su forma se parece mucho a la de la calavera del British Museum, y que podría ser una copia mejorada.
¿Se ha hallado alguna calavera de cristal en una excavación? Según el artículo "Legend of the Crystal Skulls" de Archaeology Magazine, ninguna calavera de cristal de una colección de museo tiene un registro de excavación arqueológica documentado.
Cómo creció la leyenda
El mito de las calaveras de cristal se amplió en el siglo XX con textos promocionales, exposiciones y libros de la corriente New Age. El dossier de prensa de 2009 del Musée du quai Branly recoge una leyenda de doce calaveras que representan doce mundos, más una decimotercera asociada con la Tierra. Según esa leyenda, las calaveras vinieron de la Atlántida, las guardaron pueblos antiguos y tienen poderes como hablar, cantar o transmitir conocimiento. Son creencias esotéricas modernas, no creencias documentadas de las antiguas comunidades mayas o aztecas.
La calavera Mitchell-Hedges tuvo mucho que ver. Walsh documenta cómo la promovieron F. A. Mitchell-Hedges, Anna Mitchell-Hedges y el comerciante californiano Frank Dorland. En las décadas de 1960 y 1970, libros y exposiciones la relacionaron con la Atlántida, los caballeros templarios, los extraterrestres y poderes sobrenaturales. Las afirmaciones de que puede provocar visiones, curar enfermedades o matar con un poder sobrenatural pertenecen a las creencias y a la mitología promocional de la familia, no a los estudios arqueológicos ni de materiales.
Después llegó Hollywood. *Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal*, dirigida por Steven Spielberg y estrenada en 2008, presentó una calavera de cristal con poderes místicos y un origen extraterrestre, según la ficha de Lucasfilm. Mantuvo el tema a la vista de millones de personas, y conviene recordar que es cine de ficción: el mismo año en que se publicó el estudio de los museos, la calavera de la película apuntaba a los extraterrestres. ¿Y las trece calaveras? El Smithsonian trata las ideas paranormales y de civilizaciones perdidas como parte de la mitología popular posterior de estos objetos; el número trece pertenece a esa mitología moderna, no a un conteo arqueológico.
Lo que la gente cree de ellas
Hoy, para muchos creyentes y practicantes que trabajan con cristales, una calavera de cristal puede representar sanación, adivinación, conocimiento guardado, poder espiritual o un apoyo para meditar. Son creencias y prácticas de quienes las sostienen, y merecen describirse así, sin burla. Lo que las pruebas de los museos analizan es el material y las marcas de herramienta, no esos poderes, así que los estudios no dicen nada ni a favor ni en contra de ellos.
Hay además un significado que no depende de ninguna leyenda. Una calavera, de cuarzo o de cualquier material, evoca la mortalidad, la memoria de los muertos y el límite entre la vida y la muerte.
El arte de cráneos que sí es mesoamericano
Que las calaveras de cristal famosas sean modernas no significa que Mesoamérica no tuviera arte de cráneos. Lo tuvo, y mucho.

El British Museum conserva un cráneo de mosaico de turquesa azteca o mixteco, de México, fechado entre 1400 y 1521. Está hecho sobre un cráneo humano real, cubierto con un mosaico de turquesa y lignito. Los ojos son de pirita pulida rodeada de concha blanca, una concha roja recubre la cavidad nasal y el interior lleva piel de venado y fibra de maguey. El museo cree que probablemente representa a Tezcatlipoca, el "Espejo Humeante", y que pudo llevarse como adorno en la espalda. Al ser un resto humano, el museo lo incluye en su lista de restos humanos de la colección, y así hay que mirarlo.
El cristal de roca también tuvo un papel real. Un estudio de 1999 de James Brady y Keith Prufer, "Caves and Crystalmancy", documentó fragmentos de cristal en cuevas de las tierras bajas mayas del sur, usados por especialistas rituales en la curación y la adivinación. Eso muestra que el cristal importaba en el ritual maya, pero no que existiera una tradición antigua de tallar calaveras de cristal de tamaño natural. Y otro ejemplo bien documentado de una estructura hecha con cráneos, esta vez con restos excavados por el INAH, es el tzompantli de Tenochtitlan.
¿Cuántas calaveras de cristal existen?
No hay un total confiable de todas las tallas de calaveras de cristal que existen en el mundo. Lo que sí hay es un grupo pequeño de piezas famosas documentadas por museos y estudiosos, como las del British Museum, el Smithsonian y el quai Branly, además de piezas privadas como la Mitchell-Hedges. La historia documentada de las principales empieza en el siglo XIX, sobre todo con Boban. Y entre los ejemplares que se han examinado científicamente, ninguno se ha autenticado como mesoamericano antiguo.
Calaveras de cristal: de la tienda de Boban a Indiana Jones
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1878
Alphonse Pinart dona la calavera de cristal de París al Musée d'ethnographie du Trocadéro.
1881
La calavera del British Museum aparece en la tienda de Eugène Boban en París.
1885
Según los archivos, el Museo Nacional de México la rechaza por moderna cuando Boban la ofrece.
1898
El British Museum la adquiere por medio de Tiffany & Co.
1933
Sydney Burney tiene la calavera que después se asociará con Mitchell-Hedges.
1943
F. A. Mitchell-Hedges la compra en Sotheby's, en Londres.
1992
El Smithsonian recibe su calavera grande por correo.
2008
Sax, Walsh, Freestone, Rankin y Meeks publican el estudio de las calaveras del British Museum y del Smithsonian.
2008
Se estrena *Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal*.
Preguntas frecuentes
Las preguntas que más se hacen sobre las calaveras de cristal, en pocas líneas.
¿Las calaveras de cristal son reales?
Sí, las calaveras de cristal son tallas reales de cuarzo y otras piedras. Lo que no se ha autenticado es que las famosas de los museos sean aztecas, mayas, toltecas o mixtecas. En 2008, el Smithsonian informó que la suya se hizo con herramientas modernas, probablemente en México poco antes de venderse.
¿De dónde vienen las calaveras de cristal?
Las calaveras famosas vienen del mercado de antigüedades de los siglos XIX y XX, no de excavaciones. La del British Museum apareció en la tienda parisina de Eugène Boban en 1881, y su cuarzo probablemente no es mexicano. La Mitchell-Hedges aparece por primera vez en manos de un marchante de Londres en 1933.
¿Cuántas calaveras de cristal existen?
No existe un total de todas las calaveras de cristal talladas, pero el número de calaveras antiguas mesoamericanas autenticadas entre las examinadas es cero. Los registros documentan un grupo pequeño de piezas famosas en museos y colecciones privadas. Si le preguntan por "las trece", ese número viene de la mitología moderna.
¿Se ha hallado alguna calavera de cristal en una excavación?
No, ninguna calavera de cristal de un museo tiene un registro de excavación documentado. La historia de que la Mitchell-Hedges salió de Lubaantún choca con su venta documentada en Sotheby's el 15 de octubre de 1943. La del British Museum se vendió en una tienda de París y después por medio de Tiffany & Co.
¿Anna Mitchell-Hedges halló la calavera en Lubaantún?
Los documentos no lo respaldan: la calavera estaba en manos de Sydney Burney en 1933 y F. A. Mitchell-Hedges la compró en una subasta en 1943. Él la mencionó en 1954 sin hablar de Lubaantún. La historia del hallazgo se difundió a partir de los años sesenta.
¿Qué significan las calaveras de cristal?
Para la arqueología, las calaveras de cristal son ejemplos del coleccionismo, la falsificación y el mercado de supuestas antigüedades prehispánicas de los siglos XIX y XX. Para creyentes y practicantes de cristales pueden representar sanación, adivinación o poder espiritual. Como cualquier calavera, también evocan la mortalidad y la memoria.
¿Las calaveras de cristal tienen poderes?
Los poderes que se les atribuyen, como sanar, adivinar o guardar conocimiento, son creencias de quienes los afirman. Los estudios de los museos analizan el material y las marcas de herramienta, y no establecen esos poderes. Quien las usa para meditar lo hace dentro de su propia práctica espiritual.
Cinco preguntas para cerrar el caso.
¿Cuánto sabe de las calaveras de cristal?
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